Hay personajes que se quedan con uno mucho después de cerrar el libro. Un ratoncito que se cree humano, un nene que viaja dentro de una fruta gigante, un principito que cae del cielo o un chico de barrio que cuenta su vida con humor. A esta edad, los chicos están listos para encariñarse con un protagonista — y cuando eso pasa, leer deja de ser tarea y se convierte en una compañía.
Estas cuatro historias tienen algo en común: el personaje principal manda. No son libros que se recuerdan por la trama o por la moraleja, sino por quién los protagoniza. Y eso es exactamente lo que hace que los chicos vuelvan a buscarlos en la biblioteca, una y otra vez.
Mezclamos clásicos universales con un personaje más contemporáneo y cercano al castellano cotidiano, para que haya variedad de tonos y escenarios.
Stuart Little
E.B. White
Stuart es el segundo hijo de la familia Little. Lo único raro es que mide siete centímetros y es, literalmente, un ratón. Sus padres lo aceptan con total naturalidad, y desde ese punto de partida absurdo, E.B. White construye una novela tierna, divertida y sorprendentemente filosófica sobre lo que significa ser distinto.
Stuart maneja un autito, navega un velero en miniatura por el lago de Central Park y, sobre todo, sale al mundo a buscar a su amiga Margalo. Es una historia de viaje, de amistad y de identidad, contada con la prosa limpia y elegante que también hizo grande a La telaraña de Carlota. Para chicos de 6 a 9 años. Funciona muy bien como primera novela «larga» para leer en voz alta, capítulo por noche.
James y el durazno gigante
Roald Dahl
James vive con dos tías horribles que lo tratan pésimo, hasta que un día un anciano misterioso le entrega unos cristales mágicos. Por accidente, los cristales caen sobre un durazno que crece hasta el tamaño de una casa — y adentro del durazno, James encuentra a un grupo de insectos gigantes que se vuelven su nueva familia.
Roald Dahl en estado puro: humor negro, adultos detestables, chicos valientes y una imaginación desatada. Las ilustraciones de Quentin Blake (en las ediciones que las incluyen) son tan icónicas como el texto. Para chicos de 7 a 10 años. Si los más sensibles se asustan con los pasajes oscuros, leerlo juntos resuelve cualquier susto y abre conversación.
El Principito
Antoine de Saint-Exupéry
Un piloto se estrella en el desierto y conoce a un chico misterioso, llegado de un asteroide diminuto, que le pide que le dibuje un cordero. De ahí en adelante, El Principito es un libro extraño, hermoso y a veces triste, donde cada capítulo es un encuentro con un personaje que enseña algo sobre los grandes y los chicos.
A los 5 años, los chicos disfrutan las ilustraciones y la voz del Principito. A los 9, empiezan a entender la zorra, la rosa y el secreto de «lo esencial es invisible a los ojos». Es uno de esos libros que crecen con el lector — y que vale la pena releer cada dos o tres años. Para toda la familia, idealmente desde los 7 años para leerlo juntos.
Manolito Gafotas
Elvira Lindo
Manolito vive en Carabanchel, un barrio de Madrid, y tiene una abuela genial, un hermano al que llama «el imbécil», un mejor amigo y unas gafas tan grandes que le dieron el apodo. En primera persona, con una voz absolutamente única — entre niño chiquito y filósofo precoz — Manolito narra las cosas más comunes del barrio y las convierte en literatura.
Elvira Lindo escribe con una mezcla de ternura y humor que hace reír en voz alta a los adultos y a los chicos al mismo tiempo, aunque por razones distintas. Para chicos de 7 a 10 años. Una alternativa fresca y muy hispana a los protagonistas anglosajones que dominan la literatura infantil — y un puente perfecto hacia lectores que se animan a libros más largos.